;  MY LIFE: ABRIENDO EL CORAZÓN.

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18 diciembre 2011

ABRIENDO EL CORAZÓN.

Hay que pagar el precio de mucho dolor por no querer aceptar que todos necesitamos de todos, que la competencia, al final, nos destruye, pues queremos pasar por encima de quien sea para triunfar para demostrar que somos los mejores, al final, el precio que se paga es muy alto, pues el precio del vacío que se vive en soledad.
El verdadero crecimiento y la verdadera madurez está en reconocer que todos somos diferentes, y que eso, nos permite enriquecernos unos a otros aprendiendo de nuestras fortalezas, que la ganancia verdadera está en la colaboración de unos con otros y no en la destructiva y estéril competencia.Por eso, deja de esforzarte por no depender y aprende a apoyarte en otros, deja de sufrir en soledad y busca el hombro de alguien que te quiera, que te comprenda, que te acepte.

Lo que verdaderamente abre las puertas al contacto, a la conexión, a la confianza y la intimidad, es nuestra valentía para mostrarnos vulnerables.Si de verdad estás dispuesto a intimar y a comprometerte, atrévete a mostrar tu debilidad, tu sombra, tus miedos… eso, en vez de asustar a otro, le hará comprender que, después de todo, tienes sentimientos, que no sólo eres una roca, un monumento, un ídolo… sino que tienes corazón….que tienes alma, y que eres capaz de tener el valor de reconocerte y capaz de decir:“Si yo también me equivoco” ; “Si, yo también me atemorizo y me siento impotente”;“Sí, a pesar de mi fortaleza, también puedo reconocer mi debilidad y mi necesidad del otro, mi necesidad de ti y de tu compasión, de tu apoyo, de tu cobijo”.


Si renuncias a tu caparazón de acero, tendrás la posibilidad de encontrar el amor, la comprensión, el contacto, la pertenencia con otro, pero para ello tendrás que tener el coraje de reconocer que sí, que tú también eres frágil… que tú también, además de fuerza, inteligencia, poder, fama y fortuna, eres suave, noble, dulce, amoroso, tierno…Para merecerte el amor de otros, deberás tener el coraje de mostrar, que también tienes corazón.
Carmen